La noticia cayó como un baldazo de agua fría en pleno fervor mundialista. Mientras todas las miradas estaban puestas en el debut de la Selección Argentina, en Núñez se gestaba un terremoto silencioso que redefine el futuro inmediato del Más Grande. Eduardo Coudet, con el aval de la dirigencia encabezada por Di Carlo, tomó una decisión drástica y necesaria: confeccionar una lista de once futbolistas que no serán tenidos en cuenta para la pretemporada en Alicante, España. La información, confirmada de manera oficial por el club, no es un simple recorte de plantel, es una declaración de principios del Chacho, que busca imprimirle una identidad indiscutible a su ciclo.

Para entender la magnitud de esta depuración, hay que ponerla en contexto. River Plate, el club más formador del fútbol argentino, se encuentra en una constante exigencia de protagonismo. La temporada 2026 lo tiene compitiendo en tres frentes de máxima tensión: la Liga Profesional, la Copa Argentina y, sobre todo, la Copa Libertadores, esa obsesión que late en el corazón de cada hincha. En este escenario, no hay margen para proyectos a largo plazo que no rindan de inmediato. Coudet, conocedor del paño, entendió que la base del éxito está en un vestuario comprometido al cien por cien y en un rendimiento a la altura de la historia del club. Por eso, la lista de «borrados» incluye nombres que, hasta hace poco, parecían inamovibles.

La nómina es un cimbronazo porque mezcla apuestas millonarias que no funcionaron con referentes de ciclos cumplidos. Entre los once señalados aparecen Maxi Salas y Kevin Castaño, dos de las adquisiciones más onerosas en la historia de River. Sus incorporaciones generaron una expectativa enorme, pero su adaptación nunca terminó de convencer. A ellos se suman jugadores de la talla de Germán Pezzella, campeón del mundo y surgido de las inferiores del club, y Paulo Díaz, un baluarte defensivo durante años. Que estos apellidos figuren en la lista habla de una decisión sin sentimentalismos, basada puramente en la actualidad futbolística y en la planificación táctica que pretende el cuerpo técnico. Completan el grupo Alex Woiski, una apuesta de 2025 que ni siquiera llegó a debutar en Primera, y otros nombres que no lograron sostener el nivel de autoexigencia que demanda el Monumental.

Pero la cirugía mayor no se detiene ahí. En paralelo a la comunicación oficial, trascendió la firme decisión de rescindir los préstamos de Kendry Páez y Matías Viña. La joven promesa ecuatoriana, cuyo talento es innegable, y el lateral uruguayo, de recorrido internacional, no continuarán en el club a pesar de que, según sus entornos, todavía no recibieron la comunicación formal. Esta disparidad entre la postura institucional y la versión de los representantes agrega un condimento de incertidumbre al mercado de pases. Asimismo, jugadores como Galarza Fonda y Andrés Herrera, quienes deben regresar de sus respectivos préstamos, serán negociados sin ser utilizados. El caso del paraguayo es particular: se encuentra disputando el Mundial y su club, Atlanta United, no ejecutó la opción de compra, por lo que su futuro se resolverá en las próximas semanas.

La reacción de los hinchas de River ante las salidas de Kendry Páez y Viña, y ante la lista completa, fue una mezcla de sorpresa y apoyo a la línea dura del DT. En las redes sociales y en los pasillos del Monumental, se percibe un consenso de que el «Chacho» está tomando las riendas con autoridad. La paciencia del hincha millonario, acostumbrado a la excelencia de la era Gallardo, es corta, y valora que se ponga punto final a ciclos que no explotaron. Esta poda profunda es vista como una reivindicación de la cultura del trabajo y el mérito, valores que históricamente distinguieron a River, especialmente en sus épocas más gloriosas. La apuesta es clara: un plantel más corto, pero de mayor compromiso y funcionalidad a la idea del entrenador.

No se puede ignorar el trasfondo simbólico que tiene esta movida en un club con la historia formativa de River. Mientras se desprenden de incorporaciones foráneas que no rindieron, la mirada se posa automáticamente en los pibes del semillero. La presencia en el plantel de joyas como Agustín Ruberto, Ian Subiabre o el propio Tomás Galván, sumada a la experiencia de campeones del mundo surgidos de la Casa como Lucas Martínez Quarta y Gonzalo Montiel, es el contrapeso perfecto. La decisión de Coudet no es «echar» por echar, sino hacer espacio para que los verdaderos valores, los que sienten la Banda en el pecho, tengan el protagonismo que merecen. Es un mensaje contundente: en River, el prestigio se defiende adentro de la cancha, sin importar el precio del pase.

La pretemporada en Alicante arranca con un mensaje claro y un plantel en estado de alerta. El «Chacho» Coudet no dudó en tomar el bisturí y cortar por lo sano, aunque eso implicara desprenderse de jugadores de renombre y de inversiones significativas. En el fútbol argentino, donde los procesos suelen estar llenos de grises, esta lista de borrados es un manotazo de realidad. El tiempo dirá si la apuesta es la correcta, pero lo que es indiscutible es que el nuevo River de Coudet no admite medias tintas. Se viene un equipo que, para bien o para mal, jugará con la intensidad y el amor propio que su técnico le exige a cada uno de sus dirigidos. La ilusión del hincha, como siempre, está intacta y renovada ante la inminencia de un nuevo comienzo.

Fuente: https://lapaginamillonaria.com/mercado-de-pases/river-confirmo-los-11-jugadores-borrados-por-coudet-paulo-diaz-pezzella-y-varios-mas