La final de la Reserva entre River Plate y Racing dejó una imagen que ningún hincha Millonario quiere recordar, pero que en el fondo refleja el compromiso irrenunciable que se vive en las inferiores del club. La derrota por 2-1 en el estadio Florencio Sola de Banfield tuvo un condimento amargo que fue más allá del resultado: dos expulsiones en el primer tiempo que torcieron el rumbo de un partido que el equipo de Marcelo Escudero dominaba.

El Más Grande llegaba a esta definición con la ilusión intacta, respaldado por una política de inferiores que es orgullo institucional desde hace décadas. River es el club más formador del fútbol argentino, una fábrica inagotable de talentos que nutre al primer equipo y a las selecciones nacionales. De esa cantera surgieron nombres como Julián Álvarez, Enzo Fernández, Exequiel Palacios, y más atrás en el tiempo, Javier Saviola, Pablo Aimar o Ariel Ortega. Hoy, el plantel de Eduardo Coudet cuenta con joyas como Agustín Ruberto o Ian Subiabre, que son la prueba viviente de que en Núñez se trabaja a conciencia con los pibes.

Pero en el fútbol, la pasión a veces juega malas pasadas. Felipe Esquivel y Thiago Acosta, dos juveniles que dejaron todo por la camiseta, se fueron expulsados por agresiones sin pelota en un lapso que cambió la historia de la noche. El árbitro aplicó el reglamento de manera correcta y, pese a que el contexto de un partido caliente podría haber ameritado otro temperamento, las rojas fueron inevitables. Con dos hombres menos, la gesta se volvió una epopeya. Los pibes de River no se rindieron, alcanzaron el empate parcial a través de Espíndola y lucharon hasta el último aliento, aunque la inferioridad numérica terminó inclinando la balanza para la Academia.

Lo que vino después fue un gesto que habla bien de la formación integral que reciben los juveniles en el club. Lejos de esconderse, los protagonistas dieron la cara. Con los decibeles bajos y la tristeza a flor de piel, Esquivel utilizó su cuenta de Instagram para un descargo íntimo y sincero. «Iba a dejar pasar uno o dos días, pero siento que es ahora. Quería pedirles disculpas a todos, mucho más a mis compañeros que hicieron un esfuerzo enorme y todo el esfuerzo que hicimos para llegar hasta donde llegamos», escribió el jugador, que asumió su error sin excusas: «Lo que hice fue en un momento de calentura, una boludez. Lo admito y me siento culpable de todo».

Esa autocrítica pública, en un momento de máximo dolor deportivo, es un aprendizaje que trasciende lo futbolístico. En River, la formación de personas es tan importante como la de jugadores. La dirigencia que encabeza el presidente Di Carlo y el cuerpo técnico de la Reserva que lidera Marcelo Escudero saben que estos golpes son parte del crecimiento. No hay formación sin error, y no hay error que no deje una enseñanza. Los pibes que hoy lloran por una final perdida son los mismos que mañana defenderán la banda roja en el Monumental o levantarán la Copa Libertadores, como hicieron en su momento Lucas Martínez Quarta, Gonzalo Montiel o Germán Pezzella, todos surgidos de la Casa.

La derrota duele, claro que duele. Pero el hincha de River, el más exigente del mundo, también sabe reconocer cuando un pibe deja la vida por los colores. La final de Reserva no se ganó, pero se mostró carácter, amor propio y un sentido de pertenencia que emociona. En un fútbol cada vez más descafeinado, donde los juveniles suelen ser protegidos de las críticas, acá hubo exposición, pedido de disculpas y compromiso para seguir adelante. Eso es River.

Fuente: https://www.ole.com.ar/river-plate/river-reaccion-jugadores-river-expulsados-roja-reserva-esquivel-acosta_0_tbB8xOiBqA.html