Hay una imagen que todavía retumba en la memoria del hincha de River y que hoy cobra un significado completamente distinto. La de Aníbal Moreno tendido en el césped del Monumental, con gestos de dolor, durante el triunfo contra Central por la semifinal del Apertura. Ese 16 de mayo, el volante central sufría un esguince en el ligamento colateral medial de la rodilla derecha y encendía todas las alarmas. Lo que vino después fue una secuencia de decisiones límite que hoy tienen al Chacho Coudet frente a un panorama incierto: a 18 días del comienzo de la competencia oficial, el entrenador no sabe si podrá contar con el ex Palmeiras para el duelo contra Aldosivi en Salta, por los 16avos de la Copa Argentina.
Para entender la magnitud del problema, hay que viajar apenas unas semanas atrás. Moreno fue titular en la final del campeonato contra Belgrano, un partido que quedará grabado en la historia grande del club. Pero esa presencia tuvo un costo altísimo. Según pudo reconstruir este medio, no fue una decisión médica convencional: el jugador pidió estar y el cuerpo técnico lo avaló, pero fue necesario un bloqueo anestésico en la articulación para que pudiera salir a la cancha. Una infiltración que le permitió jugar el partido más importante del semestre, pero que hoy aparece como la principal hipótesis de por qué su recuperación está tan retrasada.
El contraste con otro caso dentro del mismo plantel es inevitable y preocupante. Sebastián Driussi, el delantero que también se ganó el cariño de la gente, sufrió exactamente la misma lesión y ya está a punto de recibir el alta médica. Mientras el atacante se entrenó a la par del grupo en los últimos días y dejó atrás las molestias, Moreno no solo no pudo comenzar la pretemporada al mismo ritmo que sus compañeros, sino que sigue sin poder sumarse a los movimientos del resto del plantel. La diferencia en la evolución de dos lesiones idénticas expone, sin eufemismos, el precio que se pagó por aquella infiltración en la final.
Hay un dato que pinta de cuerpo entero el profesionalismo y el compromiso del volante de 27 años con esta camiseta. Durante sus vacaciones en Formosa, en lugar de descansar y desconectarse por completo, Moreno se dedicó a trabajar en su rehabilitación. Sin embargo, el esfuerzo individual no alcanzó para torcer el rumbo de una recuperación que se volvió más lenta de lo esperado. Hoy, mientras las miradas del planeta están en el Mundial, la realidad de River es que uno de sus futbolistas más determinantes en la mitad de la cancha corre serio riesgo de perderse el debut copero.
Para la filosofía de juego que pregona Eduardo Coudet, la ausencia de Aníbal Moreno no es un detalle menor. El volante central se transformó en una pieza clave del esquema del Chacho por su capacidad para cortar circuitos ofensivos rivales, su despliegue físico y esa lectura táctica que le permite ser el primer pase en la transición de defensa a ataque. Perderlo justo en el arranque de un semestre que tendrá triple competencia —Liga Profesional, Copa Libertadores y Copa Argentina— obligaría al cuerpo técnico a reconfigurar el mediocampo. Fausto Vera y Kevin Castaño aparecen como las alternativas naturales, pero ninguno de los dos tiene las mismas características de quite y cobertura que ofrece el oriundo de Formosa.
La situación también reabre un debate silencioso en el mundo River: el manejo de las lesiones en instancias decisivas. No es la primera vez que un jugador fuerza su presencia en un partido trascendental y luego paga las consecuencias. La historia del club está repleta de gestas épicas construidas sobre el sacrificio individual, y esta no es la excepción. Sin embargo, el caso Moreno enciende una luz de alerta sobre los límites entre la valentía y el riesgo médico. Lo que está claro es que aquella decisión de infiltrarse para jugar la final contra Belgrano fue un acto de entrega absoluta por la banda roja, pero hoy tiene al cuerpo técnico contando los días con más dudas que certezas.
Desde esta redacción, entendemos y valoramos el gesto de Aníbal Moreno. Poner el cuerpo como lo hizo, literalmente, es la esencia del jugador que quiere triunfar en River. Pero también creemos que la prioridad debe ser su salud a largo plazo. El Millonario necesita a su volante central en plenitud para afrontar un año cargado de desafíos, y forzar una nueva reaparición antes de tiempo podría ser un error irreparable. Ojalá que el tiempo y el trabajo de los profesionales del cuerpo médico le den al Chacho la mejor noticia: un Aníbal Moreno recuperado, sin dolores, listo para volver a ser el dueño del círculo central.
Fuente: https://www.ole.com.ar/river-plate/river-anibal-moreno-coudet-flamengo-lesion-rodilla_0_mZRLUwWeJV.html
