No es un presente sencillo para el hincha de River Plate. Lo que arrancó como una temporada cargada de ilusión, con un mercado de pases ambicioso y la consolidación de un nuevo cuerpo técnico, se fue transformando de a poco en una suma de frustraciones que calan hondo en el Monumental.

El equipo de Eduardo ‘Chacho’ Coudet, que asumió en 2025 para suceder el segundo ciclo de Marcelo Gallardo, navega aguas turbulentas en este 2026. Los resultados no acompañan, el funcionamiento colectivo muestra intermitencias y la exigencia de un club acostumbrado a pelear en todos los frentes convierte cada traspié en un golpe difícil de digerir. La sensación que sobrevuela Núñez es la de un equipo que no logra encontrar su identidad, algo que choca de frente con la historia reciente de un club malacostumbrado a ganar.

Para entender esta suma de frustraciones, hay que poner la lupa en la transición. Después de la era dorada de Gallardo (2014-2022), el club transitó un período de reacomodamiento con Martín Demichelis primero y un breve regreso del ‘Muñeco’ después. La llegada de Coudet prometía un fútbol intenso, vertical y agresivo, una marca registrada de sus equipos. Sin embargo, plasmar esa idea en el césped está llevando más tiempo del esperado. Jugadores de jerarquía como Sebastián Driussi, Juan Fernando Quintero o el propio Franco Armani, capitán y emblema, no logran sostener un nivel regular que empuje al equipo hacia adelante.

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El plantel actual, hay que decirlo, tiene nombres de sobra. La dirigencia encabezada por el presidente Di Carlo apostó fuerte en los últimos mercados. La vuelta de campeones del mundo como Germán Pezzella y Gonzalo Montiel, sumada a la presencia de Lucas Martínez Quarta, también surgido de la cantera, le dan un sello de experiencia y calidad a la última línea. En el medio, además de Quintero y Maximiliano Meza, se buscó equilibrio con Aníbal Moreno y Fausto Vera. Arriba, Driussi, Facundo Colidio y Maximiliano Salas aportan variantes. Pero el fútbol no es una suma de nombres, y River lo está padeciendo. Las lesiones, las ausencias por selecciones y un fixture exigente entre la Liga Profesional 2026 y la Copa Libertadores 2026 expusieron falencias en la coordinación de movimientos y una preocupante falta de gol en momentos clave.

En el medio de este presente sin títulos, hay un dato que la hinchada millonaria sigue bancando con orgullo: la apuesta por las inferiores. River Plate es, por historia y por política institucional, el club más formador del fútbol argentino. Joyas como Agustín Ruberto, goleador de la Sub-17, o Ian Subiabre, de proyección internacional, ya asoman en la primera. Junto a ellos, Tomás Galván, Tobías Palacio y Santiago Beltrán representan esa sangre nueva que ilusiona. Verlos compartir plantel con jugadores formados en casa y que regresaron con la chapa de campeones del mundo, como Pezzella y Montiel, es un recordatorio de lo que significa el semillero riverplatense. Esa identidad es innegociable y, aún en la adversidad, sostiene el relato de un club que no negocia su esencia.

La frustración actual, entonces, no pasa por una crisis de identidad ni por una falta de material. Pasa por la urgencia de resultados en un club donde cada partido es una final. La Copa Libertadores 2026 no perdona, y la Liga Profesional 2026 exige una regularidad que hasta ahora no apareció. Eduardo Coudet trabaja contrarreloj para encontrar el once ideal y, sobre todo, para que sus dirigidos asimilen la presión de jugar en River. No es lo mismo hacerlo en otro contexto; acá, cada pelota que no entra, cada punto que se escapa en el Monumental, se siente como una suma de frustraciones que la gente ya no está dispuesta a tolerar.

El tiempo dirá si este equipo está a la altura de la historia que carga sobre los hombros. River es el más grande, sí, pero los títulos no se ganan con apodos ni con glorias pasadas. Se ganan en la cancha, con funcionamiento y con goles. Y hoy, ese es el gran debe de un plantel que tiene todo para dar vuelta la página, pero que necesita empezar a demostrarlo ya. Porque en Núñez, la paciencia no es eterna, y la suma de frustraciones empieza a pesar demasiado.

Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMimgFBVV95cUxQVXpPc3BrZDNTYXFCbUlZcENGZ0daaW55VGw2UC0yR09VWFRZS2IyTWN1Qld6N0lnYmduRlJNblBUVWNTRWExMFBjTlA2M1VweUROcHo3NUFDVXVNR0NVSUFYekkyckVKUDhnc1NZOFRWZTBjRUFsTjY2ZXJlRE02QTRSYkFTTUtOakJmVUFtYVZ1NEN6eHE0TEJB?oc=5