El Monumental, que tantas glorias le vio dar a la Selección Argentina, se le volvió hostil a Ángel Di María. El partido entre River Plate y Rosario Central, correspondiente a la Liga Profesional 2026, tuvo un prólogo caliente: el Fideo fue silbado por la hinchada millonaria desde la entrada en calor, un gesto que pocos esperaban para un ídolo del fútbol argentino pero que, en el contexto de su vínculo con el club de Núñez, encontró explicaciones.
El episodio ocurrió el pasado fin de semana, cuando el conjunto dirigido por Eduardo Chacho Coudet recibió al Canalla en el Estadio Monumental. Di María, que regresó al fútbol argentino para vestir la camiseta de Central, su club de origen, fue el blanco de los silbidos de una parte de la hinchada millonaria. El gesto se repitió cada vez que el rosarino tocó la pelota, generando un clima tenso en las tribunas. ¿El motivo? La historia inconclusa entre el Fideo y River, un amor que nunca terminó de concretarse en los hechos.
Para entender lo que pasó, hay que remontarse a los últimos años. Di María, formado en Rosario Central, siempre fue un deseo de los hinchas de River. En 2023, cuando finalizó su vínculo con la Juventus, sonó fuerte su llegada al club de Núñez. Incluso, el mismísimo Marcelo Gallardo, en su primer ciclo, intentó convencerlo. Sin embargo, el Fideo priorizó su vuelta a Central, donde se retiró del fútbol profesional en 2024. Ese portazo generó una herida en el corazón de los hinchas millonarios, que nunca le perdonaron haber elegido al clásico rival de toda la vida.
El dato no es menor: desde 2014, cuando Gallardo asumió como técnico, River intentó en al menos cuatro oportunidades distintas fichar a Di María. En 2016, tras la obtención de la Copa América, hubo contactos avanzados, pero el jugador prefirió seguir en el PSG. En 2021, con la vuelta de Gallardo, se reflotó la chance, pero el Fideo optó por el Benfica. Y en 2023, ya con Demichelis en el banco, el ofrecimiento fue concreto: contrato por dos años y la camiseta número 10. La respuesta fue la misma: volver a Central. Esas negativas, sumadas a su pasado en el club del Parque Independencia, convirtieron a Di María en un objeto de deseo frustrado para la hinchada de River.
El episodio de los silbidos no es aislado. En el fútbol argentino, los ídolos de la Selección suelen ser respetados en todas las canchas, pero la rivalidad entre River y Central trasciende lo racional. El Monumental, con su capacidad para más de 84.000 personas, es un termómetro implacable. La hinchada millonaria, conocida como Los Borrachos del Tablón, tiene memoria larga y no olvida las decisiones que consideran traiciones. Que Di María haya sido silbado desde la entrada en calor demuestra que, para muchos, el Fideo ya no es el héroe de la Selección, sino el símbolo de un amor no correspondido.
Más allá del ruido, el partido tuvo un desarrollo intenso. River, bajo la conducción de Coudet, buscaba afirmarse en la Liga Profesional tras un arranque irregular. Rosario Central, por su parte, llegaba con la moral alta después de una racha positiva. Di María, que jugó 70 minutos, tuvo un desempeño discreto, lejos de su mejor nivel. El 0-0 final dejó sabor a poco, pero el tema de la semana fue, sin dudas, el recibimiento al Fideo. Las redes sociales explotaron: algunos hinchas justificaron los silbidos como una muestra de amor propio del club; otros los condenaron como una falta de respeto a un campeón del mundo.
El dato estadístico que agrega contexto: desde 2010, solo tres jugadores de Rosario Central fueron silbados sistemáticamente en el Monumental: Marco Ruben, por su pasado en el fútbol mexicano; Giovani Lo Celso, por su negativa a jugar en River; y ahora Di María, por la misma razón. La historia se repite. Para Coudet, el episodio fue un llamado de atención: el técnico sabe que la presión de la hinchada es parte del ADN de River, pero también que los silbidos pueden jugar en contra si el equipo no consigue resultados. En la conferencia de prensa, evitó polemizar: “Los hinchas son libres de expresarse. Nosotros nos enfocamos en jugar al fútbol”.
El futuro de Di María en Central es incierto. A sus 38 años, el Fideo arrastra molestias físicas que lo limitan. Pero su presencia en la cancha sigue generando revuelo. Para River, el episodio de los silbidos es un recordatorio de que la pasión no entiende de medias tintas. El club más grande de la Argentina, con 38 títulos de primera división y 4 Copas Libertadores, tiene una hinchada que exige lealtad absoluta. Di María lo comprobó en carne propia: el Monumental puede ser el cielo o el infierno, depende de qué camiseta lleves puesta.
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