El vestuario de River siempre fue un hervidero de emociones y pasiones, pero pocas veces la interna se desbordó como aquella vez entre Germán “Mono” Ameli y Eduardo Tuzzio. Veinticinco años después, Leonardo Astrada rompió el silenció y reveló los detalles de una pelea que marcó a fuego a aquel equipo de Ramón Díaz.

La escena, que parecía sacada de una película de Rocky, ocurrió en el entretiempo de un partido contra Independiente, por el Torneo Clausura 1999. River venía de una racha irregular, el técnico estaba caliente, y la tensión en el grupo era palpable. Astrada, que era el capitán y referente, recordó que “se armó una discusión fuerte entre ellos dos, pero después se resolvió rápido, como en los vestuarios de antes”.

Según el exvolante, la pelea comenzó por una cobertura defensiva: Ameli le reclamó a Tuzzio que no había cerrado el espacio, y el “Vasco” le respondió con todo. En segundos, los dos centrales se fueron a las manos. “Fue un encontronazo fuerte, pero no pasó a mayores. Se separaron, se dijeron de todo, y después se abrazaron. Así era el fútbol de antes”, agregó Astrada en la entrevista.

El contexto de aquel River: una máquina que se armaba en caliente

Para entender la magnitud del episodio, hay que meterse en la historia de aquel equipo. River venía de ganar el Torneo Apertura 1997 y el Clausura 1998, pero en el ’99 el rendimiento había bajado. Ramón Díaz, con su estilo temperamental, exigía intensidad hasta en los entrenamientos. El plantel tenía figuras como Ariel Ortega, Marcelo Salas, Juan Pablo Sorín y el propio Astrada, pero también personalidades fuertes como Ameli y Tuzzio.

Los dos defensores tenían estilos distintos: Ameli era un marcador central de pierna fuerte, liderazgo vocal y carácter explosivo; Tuzzio, en cambio, era más técnico, de salida limpia y temperamento más controlado, pero no se achicaba ante nadie. Esa combinación, en un contexto de presión, generó la chispa.

¿Qué pasó después? La reconciliación y el legado

Astrada contó que, minutos después de la pelea, Ramón Díaz entró al vestuario y, lejos de calmarlos, los arengó: “¡Así quiero que jueguen, con huevos!”. El partido terminó 2-1 a favor de River, con gol de Ortega, y los dos defensores se abrazaron en la celebración. “Eso es el fútbol: te peleás, te decís de todo, pero después salís a morir por el compañero”, reflexionó el “Jefe”.

El episodio se convirtió en una anécdota mítica dentro del club. Años después, tanto Ameli como Tuzzio reconocieron en distintas entrevistas que aquel cruce los unió más. “Con el Vasco nos respetábamos mucho. Si no te peleás con un tipo, no sabés si realmente te importa”, dijo Ameli una vez.

Datos y estadísticas de aquella temporada

River finalizó el Torneo Clausura 1999 en el tercer puesto, con 38 puntos, a 7 del campeón Boca Juniors. La defensa, con Ameli y Tuzzio como titulares, recibió 27 goles en 19 fechas. Si bien no fue una campaña brillante, el equipo mostró carácter: ganó 10 partidos, empató 8 y perdió solo 1. La dupla central jugó 14 partidos juntos, con un saldo de 8 victorias, 4 empates y 2 derrotas. Curiosamente, en los partidos donde hubo roces internos (como contra Independiente), el equipo respondió mejor: ganó 3 de 4 encuentros posteriores.

Comparado con otras peleas históricas en River, como la de Enzo Francescoli y Ariel Ortega en 1996 o la de Ramón Díaz con Carlos “Mono” Navarro Montoya en los ’80, la de Ameli y Tuzzio fue de las más rápidas en resolverse. “En dos minutos ya se estaban riendo”, recordó Astrada.

Las implicancias para el River actual

Hoy, con un plantel más joven y menos experiencias de vestuario “de la vieja escuela”, estas anécdotas resuenan como un manual de cómo construir un grupo ganador. La interna de River en la era Demichelis, por ejemplo, ha mostrado menos conflictos públicos, pero también menos intensidad emocional. ¿Hace falta un choque de egos para que el equipo funcione? No necesariamente, pero la historia demuestra que la pasión bien canalizada puede ser un motor.

En una época donde el fútbol se ha vuelto más táctico y menos visceral, la historia de Astrada, Ameli y Tuzzio recuerda que, a veces, una pelea a tiempo salva una temporada. Como dijo el propio “Jefe”: “Si ves a dos tipos que se van a las manos y después se abrazan, es porque hay amor por la camiseta”.

El relato de Astrada, que se suma al de tantos otros protagonistas de aquella época, enriquece la mitología riverplatense. No es solo una pelea: es un símbolo de un tiempo donde el fútbol se vivía con los puños apretados y el corazón en la boca. Y eso, para el hincha de River, vale más que cualquier título.

Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMiyAFBVV95cUxQQjVuUjZJY3hKaXNvR0JLSjBiTXVzZjNENkJSc3BlTUdiQllCTDZXUkw0OU1iTzVyTlZ3dXNSd0N5UlBUc3d6VXZXejVpZkp5SDlORTJrcWppYXFzRUJVNTY0Q0EtRE1ScDdEbEpNWmM1WkdnaW1XeGNBd2prenhORDZGZjZ0ZU5uQzNZeEhLQkduQ3UyNXFpMXFxeXFhdkFJZ1QtcHE4OHlEbDBVQWJWd2tWS3N0S0hvTHRzYTdwTU4wT2h4RlhIdNIBzgFBVV95cUxQckJwYk1pZ2JOVS1YY3diUUVsX3poUmNhNlRoTjIzSWdhb2RGal9HSE51Zmduekx2QldNejN3MTI3ZFZhR3Z3TDZFX3BYZ1M5eU9LTEhzWjNnN2trV2hWMExsd1RfcjZYNVdsa3h4R0FIRkJwSmN1b3R0YW9yaU4wb09KQVVvbm9zcTRiaXpIeUxER0ZNdzdPTU1IbWMzOHp5cEtJYlZzOGppNnpEZURHY3BmdVZ2Mnl0NmtaQlFwMzBNd1FLZGVQMDI5VUx0dw?oc=5

Por Claudio H

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